Este año, además, lo estoy viviendo de una forma aún más mágica, porque he recuperado las primeras fotos que le hice a Chabel con su mini palma, con ese vestido de Sugar Mag lleno de caballitos de tiovivo… como si ella también estuviera celebrando su propio Domingo de Ramos, en su pequeño mundo lleno de encanto.
El Domingo de Ramos recuerda cuando Jesús llegó a Jerusalén y la gente lo recibió con alegría, agitando palmas y ramas de olivo. Es una escena que siempre me imagino como una bienvenida llena de ilusión, casi como una fiesta sencilla pero muy especial.
Por eso, hoy es tan típico ver a niños y mayores con sus palmas, muchas veces decoradas, y con esa mezcla de emoción y tradición que hace que el día tenga algo diferente.
A mí me gusta pensar que este día tiene un aire inocente, como el inicio de una historia. Todo empieza con alegría, con luz, con pequeños detalles… como esa mini palma de Chabel que, sin querer, también forma parte de esta tradición tan bonita.
El Domingo de Ramos siempre me transmite calma y dulzura, como esos momentos que parecen pequeños, pero que en realidad están llenos de significado.
*La muñeca es una Chabel Jardinera Mod. Tulipán que conservo de mi infancia y que me regaló muchas horas de juego. Hace años que la jubilé y la tengo en la vitrina junto con el Invernadero y sus otras compañeras jardineras.
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