Hoy es uno de esos días en los que los recuerdos se sienten más vivos que nunca. Mientras observo una foto del padre de Chabel leyendo el periódico y después como si mirase pensativo al cielo, no puedo evitar sonreír al recordar todos los momentos compartidos a su lado.
Desde las pequeñas cosas, como intentar pintar con un rodillo o clavar unos tableros, hasta las que parecen más especiales, como tocar el piano o caminar juntos por la calle, cada instante deja una huella imborrable. Es en esas acciones sencillas donde realmente se percibe el cariño y la dedicación que hacen que un padre sea único.
Hoy no solo celebro el día señalado en el calendario, sino también todos los momentos cotidianos que a veces pasan desapercibidos pero que construyen recuerdos que duran para siempre. Esa mezcla de ternura, paciencia y complicidad es lo que hace que cada instante compartido sea invaluable.
Al final del día, volver a la rutina, al periódico, a la calma de un café compartido, es también parte de ese viaje: un recordatorio de que los pequeños gestos son los que más cuentan.
Feliz Día del Padre, a todos los que con su cariño hacen que cada recuerdo sea eterno.
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