sábado, 4 de abril de 2026

Así recreo la Semana Santa en miniatura con Chabel nazarena

Hoy quería compartir algo un poco diferente, algo que mezcla recuerdos, tradición y ese pequeño mundo en miniatura que tanto me gusta crear.
Estas fotos de Chabel vestida de nazarena no son nuevas. En realidad, las hice hace muchos años con mi Canon, y ahora las he recuperado para darles una nueva vida. En su momento ya publiqué una entrada titulada “Chabel nazarena” y entonces vestía con los colores de la cofradía de El Descendimiento, pero al volver a verlas, sentí que tenían algo más que contar.
Quizá porque la Semana Santa siempre ha sido parte de mí.
Recuerdo cuando iba al colegio de monjas, donde estos días y los previos tenían un significado muy especial. Y también a mi abuela, que me llevaba a ver las procesiones. Y mi padre tocando en la banda municipal durante las procesiones. Ese silencio, la música, las luces… son cosas que se quedan dentro, aunque pase el tiempo.
Hoy en día ya no suelo ver las procesiones, pero de alguna forma sigo conectada a ellas. Y creo que eso es lo que he intentado recrear con estas fotos y en los videos.
Chabel vestida de nazarena, con su farolillo iluminado, avanzando poco a poco… Todo en miniatura, pero con esa misma sensación de recogimiento y emoción. 
Para darles un aire diferente, he jugado también con la edición y los colores, creando distintas versiones que transmiten matices distintos dentro de la misma escena.
Me gusta pensar que, a través de estas imágenes, puedo capturar pequeños instantes de algo mucho más grande. Como si en cada detalle, por pequeño que sea, se escondiera un recuerdo.
Para la Manola, reciclé un vestido que le hice a Chabel hace tiempo al que le anadí las mangas. Sus accesorios: para la mantilla utilicé una original de mi abuela que tengo guardada como oro en paño, la peineta es una blonda de papel a la que le hice una base firme y después la pinté y el abanico lo hice también con la blonda y cartulina negra. 
Para mí, esto no es solo fotografía. Es una forma de revivir momentos, de reinterpretar tradiciones y de darles mi toque personal.
Y quizá por eso, aunque ya no vea las procesiones, siento que de alguna manera sigo formando parte de ellas.

domingo, 29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos: un día lleno de ilusión y tradición

Hoy es Domingo de Ramos, un día muy especial que siempre siento como el comienzo de algo bonito.

Este año, además, lo estoy viviendo de una forma aún más mágica, porque he recuperado las primeras fotos que le hice a Chabel con su mini palma, con ese vestido de Sugar Mag lleno de caballitos de tiovivo… como si ella también estuviera celebrando su propio Domingo de Ramos, en su pequeño mundo lleno de encanto.
El Domingo de Ramos recuerda cuando Jesús llegó a Jerusalén y la gente lo recibió con alegría, agitando palmas y ramas de olivo. Es una escena que siempre me imagino como una bienvenida llena de ilusión, casi como una fiesta sencilla pero muy especial.
Por eso, hoy es tan típico ver a niños y mayores con sus palmas, muchas veces decoradas, y con esa mezcla de emoción y tradición que hace que el día tenga algo diferente.
A mí me gusta pensar que este día tiene un aire inocente, como el inicio de una historia. Todo empieza con alegría, con luz, con pequeños detalles… como esa mini palma de Chabel que, sin querer, también forma parte de esta tradición tan bonita.
El Domingo de Ramos siempre me transmite calma y dulzura, como esos momentos que parecen pequeños, pero que en realidad están llenos de significado.

*La muñeca es una Chabel Jardinera Mod. Tulipán que conservo de mi infancia y que me regaló muchas horas de juego. Hace años que la jubilé y la tengo en la vitrina junto con el Invernadero y sus otras compañeras jardineras. 

jueves, 19 de marzo de 2026

Día del Padre: celebrando los momentos que importan de verdad

Hoy es uno de esos días en los que los recuerdos se sienten más vivos que nunca. Mientras observo una foto del padre de Chabel leyendo el periódico y después como si mirase pensativo al cielo, no puedo evitar sonreír al recordar todos los momentos compartidos a su lado.
Desde las pequeñas cosas, como intentar pintar con un rodillo o clavar unos tableros, hasta las que parecen más especiales, como tocar el piano o caminar juntos por la calle, cada instante deja una huella imborrable. Es en esas acciones sencillas donde realmente se percibe el cariño y la dedicación que hacen que un padre sea único.
Hoy no solo celebro el día señalado en el calendario, sino también todos los momentos cotidianos que a veces pasan desapercibidos pero que construyen recuerdos que duran para siempre. Esa mezcla de ternura, paciencia y complicidad es lo que hace que cada instante compartido sea invaluable.
Al final del día, volver a la rutina, al periódico, a la calma de un café compartido, es también parte de ese viaje: un recordatorio de que los pequeños gestos son los que más cuentan.

Feliz Día del Padre, a todos los que con su cariño hacen que cada recuerdo sea eterno.

A Chabel de Feber