Hoy quiero que esta entrada sea un pequeño homenaje. A través de mis Chabel jardineras quiero expresar algo que siento muy dentro: el respeto y el apoyo al campo, a quienes trabajan la tierra cada día con esfuerzo, constancia y amor, y a quienes ahora se ven obligados a alzar la voz para defender su futuro.
El campo habla
En los últimos meses estoy siguiendo con atención las protestas del sector agrícola en distintos puntos de Europa. Tractores en las carreteras, concentraciones en ciudades y una preocupación común que se repite: el impacto que acuerdos comerciales como el de Mercosur pueden tener sobre nuestra agricultura local.
Muchos agricultores y ganaderos temen una competencia desigual, producciones que no cumplen los mismos estándares y una presión añadida sobre precios que ya son difíciles de sostener. Para mí no es solo una cuestión económica, es una cuestión de identidad, de respeto y de futuro.
Chabel también cuida la tierra
Desde su rincón del jardín, Chabel me recuerda algo esencial: cada semilla cuenta. Cada huerto, grande o pequeño, es un acto de amor hacia la tierra.
Cuidar plantas, observar cómo brotan, respetar los ritmos naturales… es mi forma de reconectar con ese mundo rural que tantas veces pasa desapercibido y que, sin embargo, sostiene nuestras mesas y nuestros paisajes.
Apoyo, respeto y futuro
Apoyar al agricultor es apostar por el producto local, por la calidad, por el trabajo bien hecho y por una alimentación segura. Para mí es defender un modelo en el que el campo no desaparezca, sino que siga vivo, fuerte y valorado.
Como Chabel jardineras, hoy no solo siembro flores: siembro apoyo, reconocimiento y respeto hacia quienes hacen posible que la tierra siga dando frutos.
Porque sin agricultores no hay campo.
Y sin campo, no hay futuro.
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